HOARD'S DAIRYMAN
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EDITORIAL

Los tres enemigos principales de la industria lechera
por Dr. Abelardo Martínez, D.V.M., Ph.D.

  Aunque a nuestros lectores de Iberoamérica les pudiera parecer irrelevante un artículo publicado en el presente número de Hoard’s Dairyman en español, que hace referencia a la problemática de la industria lechera de Estados Unidos, vale la pena leerlo, porque muchos de los tópicos que se comentan también se aplican a la industria de los países de habla hispana y algunos de ellos van más allá de lo comentado en el artículo.
  El primer tópico, y el más obvio, es el de la comercialización de jugos de origen vegetal que se hacen llamar “leche”. Aunque la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y en la Unión Europea ya han prohibido el uso de la palabra “leche” a estas bebidas, el problema en otros países va más allá, como en el caso de México, en donde se usa leche descremada en polvo y suero de leche mezclada con grasas vegetales (o “extensores”), para comercializar productos de ínfima calidad y con un mínimo de proteína y de otros nutrientes esenciales que sólo contiene la leche. Falta promulgar leyes en estos países para prohibir la comercialización de esas “pseudoleches”.
  La segunda preocupación de los productores son los excedentes de leche, con una situación verdaderamente ominosa, pues, de acuerdo con las proyecciones de Hoard’s Dairyman, para el año 2026, la producción de leche en Estados Unidos aumentará entre 25 y 42%. De modo que tendrán que avocarse a buscar mayores oportunidades de exportación. Pero el problema de los excedentes de leche en la mayoría de los países de habla hispana son provocados por la producción estacional. La falta de infraestructura para procesar esa leche excedente, y convertirla en productos perennes, como quesos procesados y leche en polvo, es prácticamente inexistente.
  En ambos casos, el mercado se inunda de leche fluida, pero como la demanda de leche fluida se va encogiendo, necesariamente baja el precio que le pagan por la leche al productor.
  El tercer problema es la desaparición de las cooperativas de productores que tienen integrada su cadena productiva, incluyendo plantas pasteurizadoras. En Australia ya no existe una sola cooperativa y todos los productores tienen que vender su leche a empresas trasnacionales que no producen leche, pero que determinan el precio del mercado. Pocos son los ejemplos de cooperativas funcionales en los países de habla hispana. Esta preocupación la comparten los productores estadounidenses que, concluyen, tienen que proteger su mercado doméstico.
  En un mundo paradójico, los principales países productores no encuentran otro remedio que aumentar su producción y exportaciones, al tiempo que quieren protegerse de la invasión de productos lácteos importados. Por el otro lado de la moneda, muchos países de habla hispana no pueden ser autosuficientes precisamente debido a las importaciones que inundan sus mercados ante la negligencia reguladora de sus gobiernos.

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