HOARD'S DAIRYMAN
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EDITORIAL

Es necesario cambiar la forma de ver a las vacas
por Dr. Abelardo Martínez, D.V.M., Ph.D.

  De acuerdo con el artículo “Puede haber una mejor forma de clasificar a las vacas”
de Jack Britt, publicado en el presente número de Hoard’s Dairyman en español, eventualmente tendrá que haber un cambio en la forma en que se clasifica a las vacas. Es por eso que Britt propone mejorar el cálculo de la producción individual de cada vaca no sólo por volumen de leche producida, sino también por su contenido de grasa y proteína o, mejor aún, hacer el cálculo de leche corregida a energía.
  La vaca lechera alta productora moderna es capaz de producir leche muy por encima de los 35 litros diarios y también se ordeña por más tiempo. Como ya se ha asentado en nuestras ediciones anteriores, las vacas altas productoras ya no tienen lactancias de 305 días, sino de 365 días como mínimo. Actualmente es raro ver que una vaca con producciones de 40 kilos sea secada a los 305 días, prácticamente todas son secadas por lo menos a los 365 días. De hecho, en Europa algunos países reportan la producción en 365 días y no en 305 días.
  Cuando se reportan los registros de producción para calcular la base genética, se hace en base a 305 días, sin embargo esto dificulta el cálculo de la producción de leche de por vida. Dos meses más de producción es demasiado tiempo para ser ignorado en los registros genéticos. Pero eso es sólo una parte del problema, como señala atinadamente Britt, los reportes de producción se basan exclusivamente en el volumen de leche producida, sin tomar en cuenta el contenido de grasa y proteína.
  Estoy consciente que para algunos mercados esta es una proposición inadecuada, ya que generalmente las plantas procesadoras no pagan la leche por sus componentes, sino simplemente por volumen producido. Sin embargo, hay que recalcar que esa es una forma de pago a todas luces injusta para los productores ya que, actualmente, es fácil determinar el contenido de grasa y proteína de la leche con tecnologías como la de espectrometría de rayos infrarrojos cercanos (NIR), que toda planta procesadora de leche debe tener.
  Pero el impacto de una modificación de tal naturaleza iría más allá del sistema de pago de la leche, ya que tendría un impacto determinante en la forma de evaluar a los toros de inseminación artificial, que actualmente se hace con registros de 305 días, con lo que no se toma en cuenta la persistencia de la curva de lactancia. Aunque reconozco que para el cálculo de la grasa y proteína está el índice de mérito en queso. Esto sería una verdadera revolución genética, pero que estaría más acorde con los sistemas de producción de los establos modernos y, desde mi punto de vista, sería algo mucho más realista.

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