HOARD'S DAIRYMAN
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EDITORIAL

El peligro mayor son los objetos metálicos
por Dr. Abelardo Martínez, D.V.M., Ph.D.

  Me llamó la atención el artículo publicado por Steve Martin en este número, que habla sobre la basura en los establos. En uno de los párrafos, el autor se refiere a que las botellas de vidrio son la basura más peligrosa que puede haber en los corrales de las vacas. Aunque estoy de acuerdo que los objetos de vidrio son peligrosos, porque pueden lastimar las pezuñas o ser ingeridos por los animales, creo que el peligro mayor siguen siendo los objetos metálicos, como clavos, tornillos, pedazos de alambre, y otros objetos metálicos y filosos, que pueden terminar en el segundo pre-estómago de las vacas, causando la temida retículo peritonitis traumática, mejor conocida como “enfermedad de las vacas alambradas”.
  Todos los veterinarios que hemos ejercido en ganado bovino lechero tenemos experiencias de primera mano con esta enfermedad que, cuando no es detectada a tiempo e intervenida quirúrgicamente, puede ser mortal.
  Mis experiencias profesionales con la retículo peritonitis traumática han sido numerosas, pero me vienen a la mente casos verdaderamente extraordinarios. Tal vez el más notable fue el que se presentó en los toros de un centro de inseminación artificial en Querétaro, México. El centro acababa de ser construido e, imprudentemente, alguien decidió que había que traer los toros e instalarlos de inmediato. En total había 12 toros. En mi primera visita, tras el examen clínico, sospeché que todos estaban alambrados. Los análisis de laboratorio confirmaron mi diagnóstico clínico. Hubo que operar a los 12 toros que, afortunadamente, gracias a la detección oportuna, fueron intervenidos a tiempo.
  Habían introducido a los toros sin tomar la precaución de revisar el piso de los toriles, para recoger restos metálicos dejados por los albañiles. Le enseñanza es que, siempre que se estrenen instalaciones para ganado bovino, hay que revisar, antes de introducir al ganado, los pisos de los corrales, de los echaderos, de los bebederos, del pesebre y hasta los pasillos de acceso a los corrales. La gente que construye las instalaciones no sabe nada de ganado y menos del peligro de las vacas alambradas.
  En otra ocasión, me llamaron en un establo para ver una vaca “empachada” que no respondía a los laxantes. Los síntomas en esta vaca no eran típicos de una vaca alambrada, pero de todas maneras, ordené que se hiciera una biometría hemática. Los resultados de laboratorio revelaron una cuenta muy alta de glóbulos blancos (de neutrófilos). Cuando hice la rumenotomía me encontré que la vaca se había comido un tacón de zapato con todo y clavos. Las vacas pueden tragar toda clase de objetos extraños, en este caso, los clavos, que, al salir poco sobre la superficie el tacón, me dieron los síntomas atípicos. Periódicamente hay que revisar los corrales, moviendo el la tierra, pues puede haber objetos metálicos no visibles a simple vista.

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