

El establecimiento de metas de manejo reproductivo garantiza mejorar las utilidades netas del establo, mediante una mayor productividad. Consideradas comúnmente como el parámetro reproductivo más importante, las tasas de preñez a los 21 días (TP) son un referente acertado para dar seguimiento y optimizar el manejo. La TP tiene una correlación directa muy fuerte con el volumen de leche a la venta, la eficiencia alimenticia y las tasas de reemplazo.
Durante décadas, la tasa de preñez promedio a los 21 días se mantuvo alrededor del 20% en los hatos lecheros. “Sin embargo, ahora el 30 es el nuevo 20”, describió Megan Lauber, estudiante de doctorado en la Universidad de Wisconsin, en el podcast “Dairy Science Digest”. “Es esta eficiencia reproductiva la que le ha permitido a nuestra industria manejar el inventario animal utilizando diferentes tipos de semen y generar un nuevo flujo de ingresos: los becerros cruzados carne sobre leche.”
¿Cuántos becerros cruzados son demasiados?
En 2024, los establos lecheros compraron el 81% de todo el semen de raza de carne vendido. La tendencia que comenzó a tomar forma hace unos cinco años ahora está completamente consolidada. Sin embargo, ¿qué tanto cruzamiento carne sobre leche es conveniente? ¿Cómo puede un establo asegurarse de tener el número óptimo de vaquillas de reemplazo para sostener su futuro?
Todos conocemos los factores de manejo que determinan esta respuesta: tasa de preñez, tasa de desecho, clase de semen, supervivencia de vaquillas y tasa de desecho de las mismas. Sin embargo, determinar la relación entre estos indicadores es una tarea compleja. El equipo de investigadores de la Universidad de Wisconsin, que incluye a los profesores y especialistas Víctor Cabrera y Paul Fricke, junto con la estudiante Megan Lauber, analizó los datos a fondo para crear un modelo justamente con ese propósito. El modelo fue probado en 2024 y liberado en 2025, con una herramienta en línea actualmente en desarrollo.
El objetivo fue determinar el periodo ideal de elegibilidad para inseminación, es decir, la ventana de tiempo en la que es rentable inseminar a una vaca, tomando en cuenta escenarios diferentes. Reconociendo el impacto del mercado récord de ganado de carne, también se incluyeron los precios de los becerros. Las condiciones de mercado han creado un escenario único, llevando a la industria a cuestionar prácticas tradicionales y replanteando el momento ideal para marcar a una vaca como “no inseminar”.
“No estamos aquí para dar recetas,” explicó Lauber. “Se espera que los resultados de cada establo sean ligeramente distintos según sus propios datos.” Próximamente habrá una herramienta en línea disponible para que cada establo ajuste todos los indicadores de interés y pueda identificar su propio “punto óptimo”. ¿Hasta dónde puede un establo incrementar el uso de semen de carne sin caer en la limitación crítica de producir un número insuficiente de vaquillas de reemplazo?
Utilidades netas
Para probar el modelo, el equipo realizó varias suposiciones para estudiar escenarios de tipo “si…entonces”. Por ejemplo, que todos los becerros se vendan poco después del parto y se recompren posteriormente para mantener el tamaño del hato. Al someter el modelo a pruebas de presión, se determinó que cuando se incluye semen sexado y semen de carne, el periodo ideal de elegibilidad para la inseminación, que optimiza el retorno neto y, al mismo tiempo, garantiza un suministro adecuado de vaquillas, es de 170 o hasta 240 días en leche, en comparación con un pico de 80 días en leche si se utiliza exclusivamente semen lechero convencional.
Una vez fijado el periodo de elegibilidad en 170 días, el equipo ajustó las probabilidades de preñez para evaluar cuándo comenzaría la ley de rendimientos decrecientes. Se observó un incremento de 51 dólares por vaca por año en retorno neto si la tasa de preñez a los 21 días mejora desde una base del 20%. Además, los productores podrían aumentar el retorno neto entre 2 y 7 dólares por vaca por año al usar semen sexado y de carne, mejorando al mismo tiempo la tasa de preñez. El modelo sugiere que las mejoras reproductivas pueden generar utilidades sustanciales.
Precauciones para la toma de decisiones en el futuro
Lauber advirtió que el modelo no incluye la condición corporal. Es importante monitorear de cerca a las vacas que se preñan más tarde para asegurar que el sobreacondicionamiento no sea un problema. Los cambios fisiológicos que experimenta la vaca durante la transición pueden impactar de manera significativa el éxito de la siguiente lactancia.
Permitir más servicios, probablemente dará como resultado la permanencia de animales que de otro modo habrían sido desechados, por lo que la edad promedio del hato podría empezar a cambiar. El modelo tiene algunos ajustes por número de parto, sin embargo, la relación entre edad y fertilidad es más compleja, y no ha quedado completamente representada en el conjunto de datos. El modelo tampoco pudo incorporar el posible cambio genético del hato que la selección generaría.
Finalmente, conforme evolucionen los mercados de carne, también cambiarán los resultados del modelo. Es fundamental evaluar con cuidado las condiciones actuales del mercado y modelar los datos reales de cada establo para asegurar el mayor retorno neto posible en su operación.
El éxito reproductivo continúa siendo un indicador clave de la rentabilidad de un establo lechero. Al replantear y ajustar los márgenes de ganancia que los becerros cruzados carne sobre leche han generado para nuestra industria, es posible modelar la elección ideal de semen y el momento óptimo de inseminación para maximizar las utilidades.
El episodio completo en inglés está disponible en el podcast “Dairy Science Digest”.

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