

La crianza de vaquillas de reemplazo requiere una gran inversión en el futuro del hato lechero. El costo promedio de criar una vaquilla de reemplazo es de 2,500 dólares y la alimentación representa aproximadamente el 50% del costo total de crianza. En Estados Unidos, la edad promedio al primer parto ha disminuido, debido a que los productores están inseminando a las vaquillas antes de lo habitual, para reducir los costos de crianza. Para lograr una menor edad al primer parto, las vaquillas deben alcanzar ciertos objetivos de crecimiento que les permitan parir entre los 22 y 24 meses de edad, minimizando así el tiempo que permanecen en una etapa improductiva durante la crianza.
El peso corporal maduro se define como el peso de las vacas adultas del hato en su tercera lactancia o superior. El peso corporal relativo al peso maduro del hato debe considerarse al momento de definir la aptitud para la reproducción, antes del parto y después del parto. Las vaquillas de primer servicio deberían tener el 55% del peso maduro (374 kg, considerando un peso maduro de 680 kg) el 94% del peso maduro antes del parto (639 kg) y el 85% del peso maduro después del parto (578 kg). Aunque sabemos que estos son los parámetros de referencias, pocos productores conocen el peso maduro de su hato y no pesan a las vaquillas para evaluar su programa de crecimiento, lo que podría afectar la producción de leche del hato.
Impacto del peso versus la edad al primer parto sobre la producción de leche
Se analizaron datos de campo de un hato Holstein de 6,500 vacas, donde la aptitud reproductiva se determinaba principalmente con base en la edad, utilizando un período voluntario de espera (PVE) preestablecido de 380 días. El objetivo fue determinar la asociación entre el peso a los 30 días en leche (DEL) y la edad al primer parto sobre la producción de leche (Kg diarios) durante la primera lactancia. Solo se incluyeron en el análisis las vaquillas con una duración normal de gestación de 250 a 300 días. El peso maduro del hato (685 kg) se determinó pesando 75 vacas en tercera y cuarta lactancia que tenían entre 30 y 40 DEL. Las vacas de primera lactancia fueron pesadas a los 30 DEL y agrupadas en cuatro grupos, según su peso relativo al peso maduro.
El peso a los 30 DEL y el porcentaje de peso maduro de cada grupo de vacas de primera lactancia fue el siguiente: Grupo 1: 514 kg, 75%; Grupo 2: 555 kg, 81%; Grupo 3: 589 kg, 86%; Grupo 4: 644 kg, 94%. La edad al primer parto fue de 22 meses, y únicamente las vacas de los Grupos 3 y 4 alcanzaron el 85% del peso maduro después del parto. No hubo una relación entre la edad al primer parto y el peso a los 30 DEL, sobre la producción de leche de la primera lactancia durante las semanas 4, 8 y 12. En contraste, sí hubo una asociación positiva entre el peso a los 30 DEL y la producción de leche. En promedio, las vacas con un mayor peso a los 30 DEL (Grupo 4) produjeron entre 5 y 5.4 kg más de leche diarios por vaca, en comparación con las vacas de menor peso (Grupo 1) durante las semanas 4, 8 y 12 de lactancia.
Los valores de habilidad de transmisión predcha (HTP) de los toros aportaron información adicional sobre la relación entre mérito genético y desempeño. En promedio, las vacas del Grupo 4 presentaron mayores valores HTP para producción de leche que las vacas del Grupo 1. Sin embargo, también eran de mayor estatura y menos eficientes en el uso del alimento. En cuanto a la fertilidad, las vacas del Grupo 4 tuvieron, en promedio, una menor HTP para tasa de preñez de las hijas y una HTP negativa para tasa de concepción en vaquillas en comparación con las del Grupo 1. El 71% de las vaquillas del Grupo 1 quedaron gestantes al primer servicio, frente a solo el 46% de las del Grupo 4. Debido a su mayor mérito genético para fertilidad, las vacas del Grupo 1 quedaron gestantes más rápidamente en su primer servicio, acortaron su periodo de crecimiento y presentaron una menor producción de leche en la primera lactancia, en comparación con las del Grupo 4.
Consideraciones para el manejo de vaquillas
Criar vaquillas de reemplazo en exceso es costoso. Por esa razón, es fundamental identificar cuáles vaquillas deben convertirse en la siguiente generación de vacas y cuáles deben desecharse. Las pruebas genómicas en vaquillas representan una estrategia rentable para identificar con mayor precisión y confiabilidad a las hembras genéticamente superiores. Al enfocarse más en la calidad que en la cantidad de vaquillas, se pueden minimizar los costos de crianza y concentrar esfuerzos en un manejo más intensivo.
Una vez identificadas las vaquillas que permanecerán en el hato, puede implementarse un programa de crecimiento acelerado. Para evaluar estos programas, es necesario determinar el peso maduro del hato pesando un grupo de vacas en tercera y cuarta lactancia. Además, las vaquillas deben pesarse al nacimiento, destete, 6 meses, 12 meses, antes del parto y después del parto, con el fin de calcular la ganancia diaria promedio de peso y asegurar que alcancen el peso necesario para el momento de la inseminación y del parto.
Las vaquillas en edad reproductiva deben inseminarse rápidamente una vez que alcancen el 55% del peso maduro. Una estrategia reproductiva intensiva que insemina a todas las vaquillas aptas, es el protocolo con un dispositivo de liberación controlada interna de progesterona durante cinco días (CIDR-Synch-5 días). Este protocolo tendió a incrementar la tasa de preñez por servicio de inseminación artificial utilizando semen sexado, en comparación con la detección de estro una vez al día. Además, someter a las vaquillas a un protocolo CIDR-Synch -5 días para el primer servicio redujo el total de días de alimentación y disminuyó el costo por preñez en 16.66 dólares respecto a la detección diaria de estro.
En conclusión, de acuerdo con esta investigación, el peso a los 30 DEL, más que la edad al primer parto, está asociado positivamente con la producción de leche. Las vaquillas pueden manejarse para lograr una menor edad al primer parto sin comprometer la producción de leche de por vida, definiendo la aptitud reproductiva tanto por el peso relativo al peso maduro como por la edad.

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