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Micotoxinas: El enemigo invisible (1ª parte)

Redacción Hoard’s Dairyman en español


¿Qué son las micotoxinas? ¿Cuáles son los daños que producen? ¿Cómo podemos prevenir su formación? ¿Cómo podemos tratar los alimentos contaminados? Son algunas de las preguntas que se plantean no sólo los ganaderos, sino todas las personas relacionadas con la producción de alimentos de origen animal y, en realidad, se las deberían también plantear los productores de alimentos de origen vegetal y la población humana en general. La creciente preocupación del público y autoridades sanitarias en torno a la presencia de micotoxinas en los alimentos, deriva del hecho de que estos venenos también son dañinos para los humanos, en donde no sólo son cancerígenos, como es el caso de las aflatoxinas, sino que tienen muchos otros efectos nefrotóxicos, hepatotóxicos y estrogénicos, por citar sólo algunos.

Los mohos, es decir, los hongos microscópicos, producen substancias específicas para defenderse contra otros hongos y bacterias cuando la competencia por nutrientes y humedad es intensa y, en general, cuando las condiciones ambientales les son adversas. Esto puede suceder tanto antes de la cosecha como durante el almacenamiento del alimento, debido a la migración y condensación que ocurre en ingredientes almacenados que tienen más de 10 a 15% de humedad. Para un control eficaz del moho, es indispensable lavar, antes de volver a usar, todos los depósitos de alimentos que hayan sido ocupados durante más de siete días. Use bombas de agua a presión para lavar bodegas de alimento y tolvas desocupadas, cerciorándose de arrastrar toda la materia orgánica y residuos que hayan quedado en el local.

No todas las micotoxinas provocan efectos adversos sobre los animales. En el caso de los rumiantes, la mayoría de las micotoxinas son inactivadas en el rumen por la acción microbiana ruminal, como ocurre con la ocratoxina, y la mayor parte de las aflatoxinas, así como otros tipos de micotoxinas pueden ser destruidas hasta en un 80%. Sin embargo, cuando la cantidad de micotoxinas en los ingredientes alimenticios o en la ración totalmente mezclada excede la capacidad inactivadora del rumen, las toxinas llegan al intestino delgado y son absorbidas, causando efectos perjudiciales. Estos efectos pocas veces son evidentes a simple vista, de ahí el título de esta columna, calificando a las micotoxinas como enemigos invisibles. Lo más común es que el ganadero note el impacto de estos venenos sólo en su bolsillo.

En el caso del ganado lechero, con la intensificación de la producción en las explotaciones modernas las vacas más productoras y agresivas en el comedero parecen ser más susceptibles. Esto se debe a varios factores que no hay que pasar por alto, estos animales son más propensos a seleccionar partículas en las raciones (espulgado) y, en general, consumen más grano que vacas de menor producción o menos agresivas en el comedero, además, se alimentan con dietas bajas en fibra y la acidosis resultante impide la presencia de microbios ruminales en cantidades suficientes como para inactivar las micotoxinas (del 80 al 90% de las micotoxinas deberían ser inactivadas en el rumen). También, con frecuencia, estas vacas están sujetas a más estrés y deficiencias de nutrientes, condición que agrava su susceptibilidad. En novillos en corrales de engorda en finalización, con raciones conteniendo hasta 80 o más de grano, las micotoxicosis se han diagnosticado cada vez con más frecuencia.


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