La punta del iceberg
por Dr. Abelardo Martínez, D.V.M., Ph.D.
En el presente número de Hoard’s Dairyman en español se publica una nota referente a un hecho por demás lamentable: El fraude masivo perpetrado por un veterinario canadiense en el negocio de transferencia de embriones en perjuicio de innumerables personas en por lo menos quince países. Sin embargo, aunque espeluznante, este hecho no nos sorprende a quienes hemos sido testigos de numerosas trampas y componendas en la industria genética bovina a las cuales los canadienses no han sido precisamente ajenos. Son legendarios sus “arreglos” en la raza Holstein, en donde “exportan” no sólo a las vacas campeonas, ¡sino también al juez que las habrá de juzgar en el extranjero asegurando así el triunfo en otras exposiciones!
No sorprende tampoco que este veterinario haya sido alto dirigente de organizaciones canadienses de genética y transferencia de embriones ni que el pillo haya declarado con toda desfachatez que “no le debe nada a los criadores defraudados”. ¿Pero será ése el único caso? Lo dudo mucho, tal vez es sólo la punta del iceberg. Desafortunadamente para la magnífica industria genética canadiense, como leí recientemente: “Se necesitan años para establecer credibilidad y bastan sólo segundos para crear desconfianza, aunque sólo sea en base a una sospecha”.
Pero todavía más grave es que este tipo de “delincuentes de la genética bovina” no está limitado a un solo país o raza, sino que ha afectado por igual a numerosas organizaciones. En México, las asociaciones de criadores de Holstein, Pardo Suizo y Cebú se han visto flageladas por atropellos flagrantes. Las importaciones simultáneas de vacas con todo y jueces son legendarias en Holstein . . . y no sólo eso, en Pardo Suizo hubo un “criador” que vendió cien veces el mismo torete con copias de un mismo certificado de registro. Al igual que nuestro “amigo” canadiense citado líneas arriba, compraba animales en el rastro y los vendía con el mismo registro. En otro caso, una increíble vaca que ganó reconocimientos de longevidad y eficiencia reproductiva parió en un año y volvió a quedar cargada a los 14 días . . . pero eso no fue todo: Al año siguiente quedó nuevamente preñada antes de parir. ¡Maravillas de la genética de ganado Cebú!
Las consecuencias de las acciones de estos pillos van más allá de lo que pudiéramos imaginar, no sólo por el desencanto de grandes criadores que se han retirado de las pistas de calificación cansados de tantos fraudes, sino por el atraso genético que imponen a la ganadería de los países afectados. Así como no veo en las pistas a las hijas y nietas de las vacas que fueron importadas junto con “su” juez para hacerlas campeonas, tampoco veo cómo esas maniobras, a todas luces inmorales, puedan beneficiar a la genética de una nación. En cuanto al fraude del rufián canadiense: ¿Podrían ustedes imaginarse el daño causado a Rusia y China, que importaron miles de esos embriones?
Y no sólo eso, así como se reconoce públicamente que estos embriones llegaron a República Dominicana, nadie nos puede asegurar que no hayan llegado a México y otros países del mundo de habla hispana.
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