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La alfalfa no es solamente nitrógeno

por Jenna Byrne. Editora asociada de Hoard’s Dairyman


En general, la alfalfa es muy eficiente para fijar su propio nitrógeno, pero eso podría llevar a los productores a descuidar otros nutrientes que influyen sobre el rendimiento y la longevidad del cultivo. Un artículo reciente del boletín Clippings de la Asociación Forrajera del Medio Oeste de Estados Unidos, puntualizó que, para mantener un cultivo de alfalfa altamente productivo, es importante prestar atención a algo más que solamente el nitrógeno.

El potasio participa en casi todos los procesos de la planta, desde la fotosíntesis y la formación de almidón y proteínas, hasta la absorción de agua. También ayuda a la alfalfa a sobrevivir el invierno, regulando el contenido de agua en las células. La mayoría de los suelos del medio oeste y este norteamericano, requieren reponer potasio cada año, ya que la alfalfa extrae alrededor de 25 kg por tonelada de forraje cosechado. La falta de este nutriente clave puede afectar negativamente tanto el rendimiento como la persistencia del cultivo.

El fósforo favorece el desarrollo de las raíces y la transferencia de energía en la planta. Las parcelas que reciben estiércol a menudo ya cuentan con suficiente fósforo, pero muchos cultivos que tienen como finalidad la producción de heno y no reciben estiércol, pueden volverse deficientes, en consecuencia, tendrán menores rendimientos y menor vida útil del cultivo. El muestreo regular de suelo ayuda a asegurar que los niveles se mantengan dentro de los rangos adecuados.

El pH del suelo no es un nutriente, pero puede ser igual de importante. La alfalfa se desarrolla mejor con un pH entre 6.8 y 7.2. Un pH bajo puede reducir la fijación de nitrógeno y limitar la disponibilidad de otros nutrientes como el potasio y el fósforo. Incluso pequeñas disminuciones por debajo de los rangos recomendados, pueden causar pérdidas significativas de rendimiento, por esa razón, el análisis y la aplicación de cal antes de la siembra, pueden significar una gran diferencia.

Por otro lado, el azufre y el boro son nutrientes secundarios que desempeñan un papel clave en el crecimiento de la alfalfa. El azufre es fundamental para la formación de proteínas y su deficiencia puede dar como resultado niveles de proteína que no satisfacen los requerimientos de las vacas lecheras. Ya que el azufre se lixivia fácilmente en zonas con precipitación alta, aplicar cada año aproximadamente 2.5 kg por tonelada de forraje cosechado, ayuda a mantener niveles consistentes de proteína. El boro suele ser deficiente en suelos arenosos o con bajo contenido de materia orgánica. Aplicaciones anuales de 3.3 a 4.4 kg por hectárea junto con potasa, o aplicaciones foliares a mediados del verano junto con tratamientos contra la chicharrita o saltahojas de la papa, pueden ayudar a mantener los rendimientos.

Si solo se enfoca en el nitrógeno, está desaprovechando oportunidades. Mantener en equilibrio el potasio, fósforo, pH, azufre y boro mejora no sólo el rendimiento, sino también la calidad del forraje, que afecta directamente a la producción de leche. El monitoreo regular mediante análisis de suelo y de tejido vegetal, junto con aplicaciones dirigidas de fertilizantes, asegura que los cultivos de alfalfa alcancen su desempeño al máximo.


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