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Problemas con el recién nacido

por Theresa Ollivett, D.V.M. Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Wisconsin


Hemos tenido algunos becerros que nacen bien, pero empeoran rápidamente. Se ponen débiles, no maman y dos de ellos se murieron en el primer día de nacidos sin que pudiéramos hacer mucho por ellos. ¿Podría ser septicemia?

Michigan K.S.

Los becerros recién nacidos llegan al mundo con muchas oportunidades, pero también sin la protección inmunológica necesaria para enfrentar las infecciones de las primeras etapas de vida. Hasta que consumen calostro, los becerros son blancos fáciles para los patógenos presentes en el corral de maternidad, en la piel de la madre o en el ambiente. Cuando estas bacterias ingresan al torrente sanguíneo a través de intestino, ombligo o equipo de alimentación contaminado, pueden diseminarse rápidamente.

Escherichia coli es el agente más frecuente, aunque Salmonella y otras bacterias también participan. Una vez en la sangre, estos microorganismos liberan toxinas que desencadenan una inflamación generalizada, afectando la circulación, comprometiendo la función de los órganos y provocando un deterioro rápido del becerro. Los signos iniciales de septicemia pueden ser sutiles. Los becerros simplemente “no se ven bien”: están un poco lentos, apáticos o sin interés en mamar. Con el tiempo, se debilitan, son incapaces de ponerse de pie, pierden el reflejo de succión y pueden presentar temperaturas corporales muy elevadas o incluso bajas. Algunos desarrollan diarrea, neumonía o signos neurológicos como convulsiones. Los becerros que sobreviven a la fase inicial también pueden presentar infecciones articulares.

El diagnóstico de septicemia suele basarse en la combinación de la historia clínica, el examen físico y análisis sanguíneos. La medición de inmunoglobulina G (IgG) sérica o de proteínas totales, permite evaluar si hubo una falla en la transferencia de inmunidad pasiva. Los hemocultivos pueden identificar la bacteria involucrada, aunque los resultados tardan. El tratamiento de soporte con fluidoterapia, antiinflamatorios y antibióticos, debe iniciarse antes de contar con los resultados de laboratorio. Aunque la septicemia puede parecer repentina, generalmente sus bases se establecen antes del nacimiento. Diversos factores de manejo incrementan consistentemente el riesgo, entre ellos, la presencia de corrales de maternidad o equipo de alimentación sucios, así como la falla en la transferencia de inmunidad pasiva.

Lo primero que toca el becerro después de nacer marca el rumbo de su respuesta inmunitaria. Si el corral de parto está húmedo, con cama contaminada con estiércol o con poco recambio, las bacterias se multiplican rápidamente. Inmediatamente después del nacimiento, el ombligo es una vía directa hacia el torrente sanguíneo. Sin desinfección y en un ambiente sucio, las bacterias tienen fácil acceso. Cuando los becerros no reciben suficiente calostro de alta calidad poco después de nacer, especialmente en ambientes contaminados, el riesgo de infecciones sistémicas aumenta considerablemente. Partos distócicos, bajas temperaturas, vacas secas mal alimentadas o en condiciones de estrés calórico también debilitan las defensas del becerro. Los productores que controlan estos factores suelen observar una disminución significativa de los casos de septicemia.

La septicemia neonatal es rápida, grave y costosa, pero se puede prevenir en gran medida. Cuando los becerros reciben calostro oportuno y de alta calidad, nacen en ambientes limpios y bien manejados, las probabilidades se inclinan claramente a su favor. Una atención adicional durante las primeras horas de vida reduce el impacto económico y emocional de los animales enfermos y favorece un mejor desempeño productivo en el futuro.


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