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Las infecciones modifican el desarrollo mamario

por Reagan Bluel. Extensionista de la Universidad de Missouri


El desarrollo de la glándula mamaria determina el camino hacia el éxito de una vaca lechera. Conocido como el “negocio final” de la vaca, cuando se presenta una infección, el sistema mamario dañado se puede volver menos rentable, debido a la disminución en producción. Para limitar el daño, debemos comprender por qué las vacas que paren con una infección producen menos leche.

“Yo creo que tiene que ver con el crecimiento mamario antes del parto”, dijo Benjamín Enger, profesor asociado de la Universidad Estatal de Ohio en un podcast de “Dairy Science Digest”. Él y su equipo de biólogos especialistas en glándula mamaria aplicaron infusiones de Staphylococcus aureus en los cuartos de vaquillas preñadas, para determinar el impacto de una infección cuando la glándula se prepara para la lactancia.

Tres semanas después de la infección, a los 6.5, 7.5 u 8.5 meses de preñez, colectaron tejidos mamarios y los analizaron microscópicamente para evaluar cómo su crecimiento y desarrollo se vio afectado por la infección en los distintos momentos de la gestación.

Las células epiteliales mamarias (CEM) son responsables de la productividad de la glándula mamaria. A medida que la vaquilla se prepara para la lactancia, las CEM crecen verticalmente, desde el pezón en dos clases distintas de células secretorias.

Las CEM ductales establecen los “tubos” que guiarán a la leche desde los tejidos secretores al pezón.

Las CEM secretorias convertirán los nutrientes tomados de la sangre en componentes de la leche. Estas CEM secretorias se organizan en estructuras esféricas vacías (alveolos) y secretan los recién sintetizados componentes de la leche hacia el espacio luminal para su almacenamiento, después, serán expulsados hacia los pezones a través de los ductos.

También hay otros tejidos dentro de la ubre que respaldan la producción. Los vasos sanguíneos suministran los nutrientes necesarios para la síntesis de leche y el tejido conectivo soporta la glándula mamaria, dándole forma. Esto ayuda a que las CEM lleven a cabo las tareas de la lactancia. Sin embargo, cuando el tejido conectivo cicatricial se presenta en exceso, puede reducir la productividad de la glándula mamaria y, en consecuencia, la vida productiva de la vaca.

La etapa de preñez incide sobre la respuesta

Las influencias de la etapa de preñez se volvieron evidentes a medida que los investigadores compararon las respuestas a la infección por Staph. aureus en vaquillas de 6.5 meses de gestación contra las de 8.5 meses.

En general, el equipo no observó una enfermedad clínica severa después de la infección. La falta de una respuesta evidente posiblemente ayuda a proteger al feto, sin embargo, también hace más difícil identificar infecciones mamarias antes del parto. De cierta manera, la preñez envía señales a la vaca para que mantenga la infección a raya, hasta que sea el momento adecuado de presentar signos clínicos.

“Debe haber cierto grado de inmunotolerancia en la vaquilla cuando se acerca el momento del parto”, dijo Enger. “Tal vez, esa sea la razón por la que vemos una respuesta inadvertida y moderada en el crecimiento, proliferación y apoptosis de los tejidos”, añadió.

Después del parto, una vez que comienza la lactancia, todo cambia. Cuando se añade leche en ese ambiente, la bacteria se despierta y, a menudo, se presentará una infección importante.

¿El impacto es a corto o a largo plazo?

El impacto, después de que los patógenos han causado estragos en la ubre de la vaca, puede observarse en el microscopio, cuando se compara tejido mamario infectado o no infectado. Sin embargo, la duración de la lesión dependerá de las circunstancias y de cada vaca de forma individual. Lo más importante es el momento de la infección. Si el patógeno está presente cuando la glándula mamaria comienza a funcionar, el daño podría ser permanente.

“Si la vaca permite que la infección se agrave, el tejido cicatricial diseñado para mantener fuera la infección, podría reemplazar a las células productivas y limitar la vida productiva”.

La prevención es clave. Investigaciones de la Universidad Estatal de Luisiana mostraron que los aretes para control de moscas han sido exitosos para bloquear la diseminación de Staph. aureus vía mordeduras de moscas. Si no se ha aplicado ningún tratamiento y las vaquillas están vulnerables, determine si una terapia indiscriminada antes del parto, sería adecuada para ayudar a su recuperación.

Aunque la industria lechera haya hecho muchos progresos comprendiendo el desarrollo mamario, el trabajo todavía no está terminado. “Continuamente estoy fascinado por lo maravilloso y frustrante que puede ser observar los cambios en la glándula mamaria”, dijo Enger. “Debido a su dinamismo y a todo lo que hace al mismo tiempo, resulta una frustrante maravilla”, añadió. Enger y su equipo continuarán con sus investigaciones en el futuro.

Estos hallazgos se encuentran publicados en el Journal of Dairy Science.


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