

Ha llegado el otoño, poco a poco, las temperaturas comienzan a bajar y el estrés calórico nos dará un respiro hasta el próximo verano. ¡Qué alivio! Al igual que una picadora o una sembradora reciben mantenimiento durante el invierno, este puede ser un buen momento para hacer una pausa y evaluar en qué condiciones se encuentra nuestro sistema para abatir el calor.
Las investigaciones han demostrado que las vacas expuestas a un índice de temperatura y humedad (ITH) elevado pasan menos tiempo echadas. Debido a que las vacas producen grandes cantidades de calor metabólico, permanecer de pie es una respuesta natural que les ayuda a disipar el calor de su cuerpo. En contraste, cuando están echadas exponen una menor superficie corporal para disipar calor. Por ello, la ventilación dentro del establo se vuelve fundamental para mejorar el bienestar de las vacas. La pregunta clave es si todos los sistemas de ventilación tienen la misma eficiencia. Además, ¿cómo podemos monitorear si un sistema de ventilación está funcionando correctamente y logrando el efecto deseado?
En cuanto a la evaluación de los sistemas de ventilación, un estudio de la Universidad de Wisconsin midió la velocidad del aire colocando un anemómetro a 50 o 150 cm sobre el piso, medidas que correspondían, respectivamente, a la altura de las vacas cuando están echadas y de pie. La velocidad del aire se midió sin ventiladores y con los ventiladores funcionando al 60% o al 100% de su capacidad. Las mediciones indicaron que la velocidad del aire fue de 1.45, 6.12 y 8.69 kilómetros por hora (km/h) a la altura de las vacas echadas, y de 1.77, 11.59 y 14 km/h a la altura de las vacas paradas, partiendo de las siguientes condiciones: Sin abatimiento del calor, con los ventiladores operando al 60% y con los ventiladores operando al 100%, respectivamente.
Los resultados de este estudio mostraron tres hallazgos importantes. Primero, las vacas pasaron más tiempo echadas cuando los ventiladores funcionaron al 60% o al 100% de su capacidad, en comparación a no proporcionar ningún sistema de abatimiento del estrés calórico. Además, las vacas expuestas a la ventilación permanecieron echadas durante más tiempo en cada periodo de descanso. Estas observaciones confirman que las vacas que experimentan estrés calórico están menos cómodas y pasan más tiempo paradas, probablemente en un esfuerzo por disipar el calor.
El segundo hallazgo fue que las vacas expuestas a la ventilación presentaron menores frecuencias respiratorias, en comparación a las vacas sin abatimiento del calor, lo que confirma una reducción en el estrés calórico. El tercero, y quizá el más interesante, fue que la producción de leche disminuyó conforme aumentó el ITH cuando no se proporcionó abatimiento del estrés calórico, pero permaneció sin cambios cuando había ventilación disponible en el corral.
Un último comentario para señalar la importancia de proporcionar abatimiento del estrés calórico en el corral de las vacas secas. Un estudio reciente de la Universidad de Florida, publicado en la edición de septiembre del Journal of Dairy Science, informó que las vacas en periodo seco, alojadas sin estrategias para abatir el calor, produjeron menos leche y tuvieron una menor eficiencia alimenticia en su siguiente lactancia. Este estudio resalta la importancia del abatimiento del estrés calórico más allá del hato en producción.
Las investigaciones destacan claramente la importancia de la ventilación como estrategia para reducir el estrés calórico y mejorar el bienestar y la productividad de las vacas. Recomiendo ampliamente desarrollar un plan de ventilación y abatimiento del estrés calórico antes del próximo verano. Si los ventiladores ya están instalados, medir el flujo de aire puede ayudar a determinar si se necesitan ventiladores adicionales o si es necesario limpiarlos para alcanzar las velocidades de aire recomendadas, mejorar el bienestar de las vacas y maximizar la producción de leche.

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