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¿Es el momento de disminuir la proteína cruda en la ración? (2da parte)

por Steve Martin. DNMCMILK


Parece sencillo… pero no lo es tanto

¿Qué significa todo esto y por qué debería importar a la industria lechera?

No basta con reducir el contenido de proteína de la dieta esperando satisfacer las crecientes necesidades de las vacas altas productoras. El verdadero objetivo es ajustar con precisión la calidad de la proteína, prestando menos atención al porcentaje de proteína cruda y más al suministro de aminoácidos esenciales y a la forma en que la proteína se equilibra con los carbohidratos de la ración.

Al incorporar ingredientes como aminoácidos protegidos contra la degradación ruminal, proteínas de origen animal y algunas proteínas vegetales tratadas para sobrepasar el rumen sin degradarse, los nutriólogos pueden formular raciones con menos proteína total y, al mismo tiempo, cubrir los requerimientos de los animales. Las raciones diseñadas de esta manera mejoran la eficiencia en el uso del nitrógeno y reducen los niveles de NUL. Cuanto mejor sea el equilibrio entre los aminoácidos esenciales, mayor será la eficiencia. Además, disminuir la proteína de la ración no implica necesariamente una reducción en la producción de leche. De hecho, al alimentar a las vacas de esta forma se libera espacio en la dieta para incluir otros nutrientes importantes que favorecen la salud del animal o incluso incrementan la producción.

Todo esto parece bastante lógico. Entonces, ¿por qué no todos lo hacen? Probablemente existan dos razones. La primera es que, debido a la variabilidad natural de los ingredientes utilizados en las raciones, perder el "margen de seguridad" que ofrece un mayor contenido de proteína puede generar preocupación. ¿Qué ocurriría si, por ejemplo, tanto la alfalfa como el gluten de maíz disminuyeran al mismo tiempo entre 2 y 3 puntos, respecto al porcentaje esperado? En ese caso, podría producirse una disminución en la producción de leche.

La segunda razón es económica. Las dietas con menor contenido de proteína no siempre son, ni siquiera en la mayoría de los casos, más económicas. Todo depende de la situación del mercado de ingredientes proteicos y de la disponibilidad regional de subproductos con un contenido intermedio de proteína. En ocasiones, la proteína aportada por estos subproductos resulta relativamente barata en comparación con la de las harinas proteicas. Además, si estos ingredientes también suministran carbohidratos de bajo costo, podría decirse que la proteína "viene incluida" prácticamente sin costo adicional.

¿Por qué es importante hablar de este tema? Como industria, debemos aspirar a mejorar continuamente la eficiencia. El nitrógeno perdido que refleja el NUL es solo un indicador indirecto de la cantidad real de nitrógeno que termina excretándose en la orina y el estiércol. El nitrógeno presente en el estiércol constituye un fertilizante valioso. Sin embargo, preocupa la fracción que se pierde hacia la atmósfera o que termina infiltrándose en las aguas subterráneas.

Hace más de dos décadas, la presencia de nitratos en los acuíferos dio relevancia a esta discusión. En aquel entonces era un problema muy localizado: en algunas regiones era un tema prioritario y en otras ni siquiera figuraba entre las preocupaciones. En gran medida, esa situación continúa hoy, aunque es probable que las zonas de preocupación se amplíen con el tiempo, en lugar de reducirse. La segunda preocupación está relacionada con el nitrógeno que se libera a la atmósfera. Entre estos compuestos destaca el óxido nitroso (N₂O), un gas de efecto invernadero que, al igual que el metano, debería ser mejor comprendido por los productores lecheros. En determinadas circunstancias también existen inquietudes relacionadas con la calidad del aire para los trabajadores de los establos lecheros.

Para concluir, comentaré que ha surgido un nuevo aspecto interesante en torno a este tema. Dado que el óxido nitroso es un gas de efecto invernadero, en algunos casos podría abrirse la posibilidad de generar créditos de carbono comercializables mediante la reducción de sus emisiones. En un análisis económico ajustado, donde una dieta con menor contenido de proteína quizá no represente un ahorro directo, unos cuantos centavos adicionales provenientes de créditos de carbono, podrían inclinar la balanza a favor de esta práctica. Este concepto todavía está en sus primeras etapas, por lo que seguramente seguiremos escuchando mucho más al respecto en los próximos años. Mientras tanto, dedicaré más tiempo a pensar en cómo formular dietas más precisas y con menor contenido de proteína cruda. Al hacerlo, podremos elaborar mejores raciones, liberar espacio para incluir más forraje o quizá más almidón y, potencialmente, mejorar la producción de leche. Es una práctica de manejo con la que podemos sentirnos satisfechos y que, considerando la magnitud de la industria lechera estadounidense, probablemente merece mucha más atención.

¡No te pierdas los artículos de los expertos Steve Martin, John Goeser y Mike Hutjens sobre balanceo de raciones y cómo aprovechar mejor el almidón incluido en los ingredientes! Los encuentras en nuestro número de agosto de Hoard’s Dairyman en español.

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