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Esta pobre becerra todavía quería beber su leche

por Theresa Ollivett, D.V.M. Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Wisconsin


Nuestro veterinario estaba tratando a una becerra joven que estaba echada y no se podía parar. Esta becerra parecía ser diferente a la mayoría de nuestras becerras jóvenes que tienen diarrea y necesitan tratamiento intravenoso, ya que no estaba deshidratada y todavía quería amamantarse. Después de administrarle fluidos, la becerra se levanto y regresó a la normalidad.

¿Por qué se veía esta becerra así, si no estaba deshidratada?

P.H., Idaho.

Esa es una gran observación, que necesita ser explicada porque difiere de lo que vemos normalmente: una becerra con diarrea, deshidratada y echada, que no quiere tomar leche. La mayoría de los productores y criadores de becerras están muy familiarizados con estas becerras que tienen infecciones por rotavirus, coronavirus, Cryptosporidium, Salmonella o inconsistencias en la alimentación que están contribuyendo a la diarrea.

Cuando estas becerras necesitan cuidados intensivos, generalmente no es porque sean incapaces de tomar leche suficiente para sostener las pérdidas de fluidos causadas por la diarrea. Sus sistemas circulatorios se vuelven menos eficientes, provocando déficit de oxígeno en sus músculos para que funcionen apropiadamente y cambian de metabolismo aeróbico a metabolismo anaeróbico. Esto permite la acumulación de ácido láctico, el mismo ácido que se presenta cuando hacemos ejercicio intenso y nuestros músculos empiezan a quemarse por falta de oxígeno.

En la becerra deshidratada, la acumulación de esta forma de lactato (L-lactato), hace que el pH de la sangre empiece a caer y vemos la condición clínica conocida como acidosis. Al restaurar la circulación normal de la sangre por medio de fluidos intravenosos, mejora el aporte de oxígeno a los músculos y se reduce la producción de ácido láctico que ya se ha acumulado. Esto da por resultado una becerra más alerta que regresa con su reflejo de amamantamiento.

Este es otro problema

Dado que su becerra no está deshidratada, pero aún tiene un buen reflejo de amamantamiento, a pesar de estar casi comatosa, lo más probable es que sufre de una forma de acumulación de una forma diferente de lactato (D-lactato). La acidosis láctica por D-lactato es el resultado de digestión anormal en el intestino y la proliferación de bacterias productoras de D-lactato. Comparado con el L-lactato, el D-lactato es significativamente más capaz de penetrar la barrera sanguínea y producir signos neurológicos como debilidad muscular, tambaleo y depresión profunda.

Debido a que esta forma de acidosis es el resultado de digestión anormal, y no es la consecuencia de diarrea severa y deshidratación, estas becerras no tienen los ojos hundidos, la piel no tarda más en regresar a lo normal después de pellizcarla y tampoco tienen reducción en el apetito. Sorprendentemente, el reflejo de amamantamiento está todavía intacto, a pesar de que no son capaces de sostener la cabeza.

Algunas veces, las infecciones como rotavirus o coronavirus reducen significativamente la digestión en el intestino delgado. Esta situación permite la liberación de grandes cantidades de carbohidratos en el intestino grueso y la proliferación de bacterias productoras de D-lactato en el intestino.

Podemos ver también acidosis D-láctica cuando las becerras no tienen transferencia apropiada de leche del esófago al abomaso por medio de la canaladura esofágica. En este caso, la leche llega al rumen (en vez del abomaso) causando la proliferación de bacterias productoras de D-lactato. Frecuentemente llamamos a estas becerras “bebedoras ruminales”, condición que puede ser mejorada al hacer que la becerra tome leche en biberón en vez de un balde y resolviendo las causas subyacentes del reflejo de amamantamiento ineficaz.

En ambos casos, estas becerras responden bien a la terapia, oral o intravenosa, con bicarbonato de sodio que amortigua el D-lactato y regresa el pH a los niveles normales. Las becerras con enfermedades gastrointestinales subyacentes, pueden tener recaídas de acidosis D-láctica, hasta que su intestino delgado se ha curado y se reanuda la digestión normal. Estas becerras a menudo se benefician tomando comidas más pequeñas y más frecuentemente durante el día.

Para más consejos sobre crianza de becerras adquiera nuestro “Manual de Crianza de Becerras” del Dr. Abelardo Martínez

http://www.hoardsenespanol.com


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